Hubo un tiempo en que la Ruta 226 era conocida con orgullo como la “Ruta Jardín”. Un corredor limpio, cuidado, con forestación mantenida, banquinas prolijas y un nivel de conservación que la distinguía de cualquier otra. Era una carta de presentación para quienes viajaban entre Balcarce y Mar del Plata, un camino que reflejaba atención, inversión y respeto por el usuario.
Hoy, esa identidad se perdió.
Hoy, la “Ruta Jardín” es apenas un recuerdo.
De ejemplo a abandono
Lo que alguna vez fue una ruta modelo ahora se parece más a un trazado olvidado:
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Vegetación invadiendo banquinas.
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Falta total de paisajismo y mantenimiento.
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Barandas oxidadas o inexistentes.
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Señalización deteriorada.
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Baches y parches que deslucen el camino.
La Ruta Jardín dejó de ser jardín. Y en su lugar quedó una ruta normal… y en muchos tramos, ni siquiera eso.
El peaje sube, la calidad baja
La paradoja es dolorosa: mientras el concepto original de la Ruta Jardín desaparece, el peaje se encarece.
Los usuarios pagan como si transitaran un corredor premium, pero el paisaje y el estado del camino dicen lo contrario.
La concesión parece haber olvidado que el peaje no solo es para tapar baches:
es para sostener una identidad, una calidad de ruta superior, un estándar que distinguió siempre a la 226.
Una ruta que era orgullo regional
El tramo Balcarce–Mar del Plata no es uno más.
Es un camino turístico, productivo, histórico y simbólico.
Fue pensado para ser agradable, seguro y estéticamente cuidado. No una ruta de circunstancias. No un trazado improvisado.
La gente lo recuerda.
La comunidad lo reclama.
Las ciudades que conecta lo necesitan.
No queremos una ruta común: queremos la Ruta Jardín
Volver a ser la Ruta Jardín no es un capricho. Es una obligación para quien administra el corredor y cobra por su uso.
Significa:
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Restaurar la forestación y el paisajismo.
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Mantener banquinas limpias y prolijas.
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Garantizar señalización moderna y clara.
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Cuidar la iluminación y las defensas.
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Mantener el pavimento en estado óptimo.
La Ruta 226 debe recuperar su belleza, su seguridad y su sentido.
Debe volver a ser lo que fue y lo que los usuarios merecen.
Que la concesión recuerde lo que parece haber olvidado
No estamos pidiendo lujos.
Estamos exigiendo que se cumpla lo pactado, que se honre un nombre que supo representar calidad y cuidado.
Que la Ruta Jardín 226 vuelva a ser Ruta Jardín y no un camino común disfrazado de corredor concesionado.
Que vuelva el orgullo.
Que vuelvan los estándares.
Que vuelva la Ruta Jardín.
